miércoles, 24 de octubre de 2007
viernes, 5 de octubre de 2007
LA QUINTA SOLA
Las flores de los árboles frutales de a poco se van transformando en lo que pronto serían unos hermosos y jugosos frutos. Los insectos, la lluvia y el viento ya han hecho su gran labor y las abejas continúan recolectando el dulce líquido de las últimas flores de los manzanos y cerezos.
La quinta sola era el lugar mágico y prohibido, el sitio en donde las cerezas eran más rojas, las manzanas más dulces y la flor del saúco la más fragante de todas.
El grupo de primos nos deslizamos por entre las hebras de alambre de púas, a riesgo de rasgar nuestras ropas y de que las filosas puntas se claven en nuestra piel. Pero nada de eso importaba, todos entrábamos triunfantes y cada uno corría al árbol más cargado: el de las manzanas dulces.
Trepados en sus ramas alcanzábamos con premura los aún verdes frutos, los mas pequeños, desde abajo apaleaban las ramas para hacer caer las frutas y llenar sus aldadas. Luego cada uno bajaba a un rincón, sentados en el pasto a comer su botín hasta hartarse, lanzando las últimas manzanas lejos, apenas mordisqueadas, ya no podíamos más.
A la hora de marcharse, atacábamos el árbol por últimas vez, para llevar unas cuantas manzanas a casa.
Yo me subí a unas altas ramas con un palo largo para poder alcanzar unas manzanas grandes que estaban allá lejos, con tanta mala suerte que con el palo pasé a pinchar un panal de abejas que se había alojado en el tronco hueco del árbol. Las abejas salieron furiosas y en un instante unas tres de ellas se enredaron en mi pelo.
Rápidamente me deslizo ramas abajo, sacudiendo la cabeza con fuerza, tratando de sacarme esos zumbones insectos antes que lleguen a clavarme su aguijón.
Ya en el suelo, con ambas manos sacudo mi pelo, con la cabeza inclinada hacia adelante, a la vez que voy dando frenéticas sacudidas de cabeza, con fuerza tal que perdí el equilibrio y voy a dar un tremendo cabezazo al manzano que me hizo remecer todos mis pensamientos y caigo sentadita en el suelo, medio aturdida por el golpe.
Ahí quedé, con los ojos revueltos, viendo al lote de niños que a todo dar escapaban de de la nube de abejas que les seguían.
Menos mal que no regresaron por mi. Entonces me puse de pie cuidadosamente y en puntillas busqué un espacio entre el alambrado para escapar de esa ahora no tan mágica quinta sola.
La quinta sola era el lugar mágico y prohibido, el sitio en donde las cerezas eran más rojas, las manzanas más dulces y la flor del saúco la más fragante de todas.
El grupo de primos nos deslizamos por entre las hebras de alambre de púas, a riesgo de rasgar nuestras ropas y de que las filosas puntas se claven en nuestra piel. Pero nada de eso importaba, todos entrábamos triunfantes y cada uno corría al árbol más cargado: el de las manzanas dulces.
Trepados en sus ramas alcanzábamos con premura los aún verdes frutos, los mas pequeños, desde abajo apaleaban las ramas para hacer caer las frutas y llenar sus aldadas. Luego cada uno bajaba a un rincón, sentados en el pasto a comer su botín hasta hartarse, lanzando las últimas manzanas lejos, apenas mordisqueadas, ya no podíamos más.
A la hora de marcharse, atacábamos el árbol por últimas vez, para llevar unas cuantas manzanas a casa.
Yo me subí a unas altas ramas con un palo largo para poder alcanzar unas manzanas grandes que estaban allá lejos, con tanta mala suerte que con el palo pasé a pinchar un panal de abejas que se había alojado en el tronco hueco del árbol. Las abejas salieron furiosas y en un instante unas tres de ellas se enredaron en mi pelo.
Rápidamente me deslizo ramas abajo, sacudiendo la cabeza con fuerza, tratando de sacarme esos zumbones insectos antes que lleguen a clavarme su aguijón.
Ya en el suelo, con ambas manos sacudo mi pelo, con la cabeza inclinada hacia adelante, a la vez que voy dando frenéticas sacudidas de cabeza, con fuerza tal que perdí el equilibrio y voy a dar un tremendo cabezazo al manzano que me hizo remecer todos mis pensamientos y caigo sentadita en el suelo, medio aturdida por el golpe.
Ahí quedé, con los ojos revueltos, viendo al lote de niños que a todo dar escapaban de de la nube de abejas que les seguían.
Menos mal que no regresaron por mi. Entonces me puse de pie cuidadosamente y en puntillas busqué un espacio entre el alambrado para escapar de esa ahora no tan mágica quinta sola.
lunes, 1 de octubre de 2007
Nuestro Kampito...
Como no recordar el campo, como no hacerle un homenaje a quienes no han criado y formado como personas, como no agradecerles todo lo que nos han dado...
Como no despertar y pensar en como estaran???... o ¿Como habran amenecido??? o simplemente... Tendran fueguito hecho???... Y asi tantas preguntas que para el resto de la gente son simples... Para nosotros no, para nosotros cualquier pregunta o cualquier pensamiento que se relacione con ellos es importante, porque son ellos, son parte de nosotros... Y porque son nuestra Lolita y nuestro Nanito.
Fin...
Como no despertar y pensar en como estaran???... o ¿Como habran amenecido??? o simplemente... Tendran fueguito hecho???... Y asi tantas preguntas que para el resto de la gente son simples... Para nosotros no, para nosotros cualquier pregunta o cualquier pensamiento que se relacione con ellos es importante, porque son ellos, son parte de nosotros... Y porque son nuestra Lolita y nuestro Nanito.
Fin...
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